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“Tenemos que buscar el cambio”

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Eduard Deria | Responsable de Horts Ca N’ Alegria | Molins de Rei

Quedamos en la Masia de Horts Ca N’Alegria en Molins de Rei con Eduard Deria, cabeza visible del proyecto, agricultor, periodista y promotor de conciertos. Con él hablamos de sociedad, ecología, cultivos… ¡y documentales musicales!

¿Nos puedes explicar tu trayectoria personal?

Mi padre era agricultor, mi madre también. Han vivido siempre en el campo. En los años 50, hubo muchos movimientos migratorios del campo a la ciudad. En las grandes ciudades se buscaba mano de obra barata, y por eso los campos empezaron a quedarse vacíos. La aspiración de los campesinos era que sus hijos estudiaran y se convirtieran en hombres de negocio, fue por eso que estudié una carrera. Soy periodista, he trabajado haciendo videoclips y documentales musicales, como el de BB King en su gira por Estados Unidos, giras como ingeniero de sonido para The Cure, etc… pero llego un momento en el que quise volver a los orígenes.
Muchos amigos del mundo de la música también tenían esta voluntad de volver a la tierra. Este proyecto nació así, de la asociación de unos cuantos músicos.

¿Como vino la idea de lanzaros en producción de frutas y verduras ecológicas, y de organizaros en asociación?

Yo la relación con la naturaleza siempre la he tenido, soy un «activista» de los movimientos medioambientales. En 2004, montamos una asociación de autoconsumo sin ánimo de lucro entre 15 familias. Al coincidir con la crisis, algunas personas dejaron de trabajar, y fue así como empezamos a profesionalizar el proyecto. De estas familias salieron 17 personas que nos convertimos en campesinos profesionales.
No somos una gran empresa. De hecho no me gusta la palabra empresa. Somos un colectivo. Hacemos toda la producción para el consumidor final. El dinero no es nuestra preocupación. Buscamos poder vivir todos de nuestro trabajo, y ser sostenibles.

«Trabajamos mucho según los principios de la economía social y del intercambio».

Todos los campos no los tenemos aquí. Tenemos varios sitios de producción. Lo bueno de aquí es que estamos a tan solo 15 minutos de Barcelona. Nos viene muy bien a nivel logístico, y a la vez, estamos en plena naturaleza.

Se puede decir que vuestro proyecto va mas allá de la producción alimentaria, es un proyecto social.

Sí, aquí también colaboramos con proyectos sociales. La idea es acoger niños con síndrome de Down el año que viene, para que puedan disfrutar del campo, de la naturaleza, como una forma de terapia. Y queremos hacer más proyectos de este tipo más adelante, aunque no son rentables, no tenemos subvenciones, pero forman parte del proyecto.

«También hemos dedicado una parte del huerto a los niños, para que puedan aprender.»

La idea es trasladar el concepto de ecología a casa por eso cada semana estamos haciendo talleres sobre ecología, pan, o sobre cómo hacer un huerto en casa porque yo creo que es fundamental que todos en nuestra casa, aunque sea en un espacio reducido, plantemos lo que sea para tener una microzona de naturaleza. Para mí trabajar con un consumidor que ha plantado una tomatera es más fácil, hablamos más de tú a tú, aunque sea solo una tomatera… se trata de una forma de ver y entender el proceso de crecimiento.

“Si tienes una ventana, ya puedes montar un huerto.”

¿El tema biodinámica, lo empleáis?

Los pilares de la agricultura ecológica son la rotación (no plantar siempre lo mismo al mismo sitio), y la asociación (buscar plantas que colaboran para sobrevivir).

Usamos mucho las técnicas biodinámicas. Yo con algunos principios de biodinámica soy un poco escéptico, pero otros como por ejemplo la influencia de la luna los sigo de cerca porque tiene una explicación científica. El ajo, por ejemplo, para que crezca hacia abajo, tienes que plantarlo cuando no hay luna. Lo que hace la luna llena es alargar la luz solar un 25% cada día, por lo tanto, si plantas ajo con luna llena, el ajo se piensa que hace mucho más sol, y tira para arriba. Lo que nos interesa es que el ajo arraigue bien en la tierra.
También hemos hecho un taller para aprender a plantas habas. El enemigo número uno de las habas es el pulgón. Con la humedad y la calor se desarrolla mucho el pulgón. En cambio, lo que aborrece totalmente es la cebolla. Por lo tanto, plantamos cebolla al lado de las habas. Hacemos un perímetro, como una barrera natural. Esto funciona, y es lo que se llama asociación. Por lo tanto, no necesitas hacer ningún tipo de tratamiento químico.

¿Es difícil vender productos ecológicos?

Mira, yo vendo 1 kilo de guisantes a 5 euros. Y la gente me dice : «¡Qué caro!». Pero claro, para recoger este kilo de guisantes he tardado horas, y además, he cuidado la planta durante 4 meses, y antes de ello me he ocupado de todo el trabajo que dan las semillas… así que en términos de coste por hora, el precio no es alto. Pero claro, en Caprabo los compras a 3 euros. Pero estos guisantes se han producido en Marruecos y los ha recogido un niño de 5 años que no cobraba, y encima si no cogía suficiente se le pegaba. También hay que tener un componente social a la hora de producir y de comprar.

¿En el fondo, que significa para ti producir ecológico?

A mí me cuesta mucho la palabra en si, está muy corrompida. Porque ahora todo el mundo lo reivindica. Se pone la palabra “ecológico” por todas partes, por eso yo prefiero hablar de cultivo tradicional.
Porque lo ecológico también es esto: tú te vas a un supermercado eco, y te compras una naranja. Y en términos de tratamiento, de pesticidas, realmente esta naranja es bio, como las que producimos nosotros. Pero viene de Sudáfrica, y se ha usado tres veces su peso en combustible para hacerla llegar hacia ti, cuando tienes naranjas producidas aquí al lado. Estos dos tipos de naranjas se llaman «ecológicas». Pero para mí, una es ecológica y otra no porque no puede ser ecológico algo que te viene de la otra punta del mundo. Y con el hecho que el trabajador de Sudáfrica igual cobra 1 euro la hora, esto tampoco puede ser ecológico.

Otro problema de nuestra sociedad es que lo ecológico está al margen, y la norma es la agricultura convencional. Cuando hablas con la gente por la calle te dice «esto es una producción ecológica y yo compro producción normal». Lo que tendría que ser normal es lo ecológico, lo convencional es lo anormal. Tendemos a normalizar lo que es cotidiano aunque lo normal es que te puedas tomar algo sin pesticidas.

«Lo que tendría que ser normal es lo ecológico».

Vuestro proyecto está creciendo y tenéis campos en varias localidades. ¿Qué pasa si se os hace demasiado grande? ¿Cómo mantener el control y este trato directo entre productor y consumidor?

El crecimiento no se nos va de las manos. No tenemos intención de convertirnos en algo muy grande. El objetivo aquí no es hacerse millonario. Lo que buscamos nosotros es encontrar y mantener un equilibrio entre el trabajo y los ingresos generados, el proyecto da trabajo directa o indirectamente a 17 personas.

¿En qué sentido el tiempo es importante en tu trabajo?
Yo me levanto cada día a las 4 de la mañana y me voy a dormir a las 9 de la noche, los 7 días de la semana. Tengo dos niños, los traigo aquí al campo, los llevo a la escuela. Como decía hablando del crecimiento del proyecto, a nivel personal también, tengo que buscar el equilibrio.

«Toda es una cuestión de equilibrio».

Hablamos mucho del slow food, de la vida slow, pero en realidad la vida del campesino es poco lenta, es muy jodida. Es mucho tiempo, mucha dedicación. Tienes que estar realmente apasionado por lo que haces, porque no compensa a nivel económico, el mundo del campesino no es slow.

Claro, el slow no lo entendemos como vivir un día a día parado, si no más bien como una elección propia de hacer las cosas con calidad más que por la cantidad, producir, consumir, vivir con conciencia. ¡No significa ser vago!

En este sentido, sí que me reconozco dentro del mundo slow. Igual trabajo 10 horas al día, pero si las hago aquí, me va bien. Es una elección, una forma de vivir.

¿En este sentido, puedes darnos una receta de vida slow?

Vivimos en un mundo muy, muy complicado. Necesitamos cambios en nuestra forma de trabajar, en nuestro ritmo de vida. Y los que van a cambiar el mundo de ahora son nuestros hijos. Los valores que queremos defender se los tenemos que transmitir ahora porque el cambio tiene que venir de ellos, y de la reconexión con la naturaleza y con los procesos de crecimiento.

«Tenemos que buscar el cambio».

Horts Ca N’Alegria

https://www.facebook.com/pages/Horts-Ca-n-Alegria/1440713196158679

Encontrarás sus productos en SlowMov

Carrer Luís Antúnez 18, 08006 Barcelona

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