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“El cultivo de la tierra te enseña a ser paciente”

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Finca Parera | Productores de vinos radicalmente ecológicos

Visitamos los viñedos de Finca Parera, acompañados por sus protagonistas: Jordi Parera, Ruben Parera y Iñigo Haughey. Tres generaciones distintas que conjugan teoría y práctica para crear unos vinos singulares.


¿Dónde estamos?

(Ruben Parera) Nuestra finca se sitúa en la comarca del Alt Penedés en el municipio de Sant Llorenç d’Hortons. Estamos rodeados por la Sierra de Mediona, la montaña mágica de Montserrat y la Sierra de l’Ordal. Desde aquí vemos la montaña de la Mola de Terrassa, el Tibidabo, etc… que nos da una idea en relación a la proximidad de Barcelona.


¿Cómo influye el entorno sobre la viña y sobre vuestro vino?

Finca Parera está rodeada de pinos, oliveras, campos de cereales, torrentes y acantilados. La influencia que tiene el mediterráneo es altísima. Cada tarde de verano nos llega la brisa procedente del mar que llamamos marinada, lo que nos permite tener una temperatura más fresca y hace que corra siempre un poco de aire para que no se mantenga la humedad, evitando el desarrollo de hongos y enfermedades. Además, la finca está a una altura de unos 400 metros sobre el nivel del mar, con muy buena exposición solar y con orientación sud-este.


¿Porque la finca se considera ecológica?

Hace más de 15 años que producimos de manera ecológica gracias a las condiciones del territorio que procura una protección natural a la viña. La finca es compacta y sin vecinos al lado.

Intentamos reforzar el paisaje natural catalán y vitivinícola. Protegemos la biodiversidad manteniendo el cultivo de cerezas, olivos y ahora estamos plantando almendros a la vez que volvemos a cultivar la huerta, y tenemos ya un arboretum de frutales, para recuperar viejas variedades de melocotones, ciruelas, higos, caquis, peras, manzanas, etc. Todas estas especies florecen en diferentes momentos del año, lo que permite una rotación de flores y favorece el retorno de la fauna local para mantener la finca viva. A más, la cubierta vegetal está hecha con leguminosas (veses, esparceta, alfalfa) que a parte de fijar el nitrógeno de la atmósfera, son hierbas con flores melíferas para nuestros futuros panales de abejas.


¿Que provocó este cambio de modelo hacia una agricultura ecológica?

Ha sido un proceso natural, pero lento, en gran parte debido a un cambio generacional, que ha sido transicional para mi padre, y totalmente integrado para mí. Llevamos cuatro generaciones como campesinos, pero nuestra historia agraria en hortofruticultura nació con el bisabuelo Faust en 1872.

«En un momento en que los métodos químicos eran símbolos de modernidad y progreso aquí, mi padre decidió romper con estas practicas y métodos, inspirándose en lo que se hacia en Alemania y Francia».


¿Que papel jugaste en este cambio?

Hacia mis 16 años, mi padre me preguntó qué quería hacer. Yo quería aparcar la fruta dulce y plantar viñas; no quería vender la materia prima sino un producto con valor añadido y un proceso de transformación como el vino. Mi suerte fue que mi padre me siguió en la idea y a partir de principio de los años 90, empezamos a cambiar el cultivo, arrancando ciruelas y cerezos para plantar viñas. Hasta el año 1998, solo plantábamos y no elaborábamos vino, vendíamos nuestra uvas ecológicas a grandes cooperativas. En 1999, empezamos a producir en nuestra bodega, aunque sólo podíamos elaborar un 50-60% de nuestra uva. Ahora transformamos toda nuestra producción en vino y tenemos 11 variedades de viña: xarel·lo, sumoll, garnacha blanca, chardonnay, cabernet Sauvignon, Gewurstraminer, Merlot, etc, más las nuevas plantaciones para seguir recuperando la variedad sumoll, por la que hemos apostado muy fuerte.

«Intentamos recuperar las variedades autóctonas y hacer todo cada vez más natural».

¿Que define a Finca Parera?

El historial agrario sin duda. Pertenezco a la cuarta generación de campesinos y nuestro punto fuerte es que conocemos el oficio por lo que hemos aprendido aquí con mi padre y conocemos el producto por nuestra formación continuada. También el historial ecológico, porque mi padre fue el primer productor de cerezas ecológicas en Cataluña. Pero en definitiva somos campesinos.

«Nuestra generación se ha desconectado mucho de la agricultura, se han conectado al producto pero no al oficio».

He leído algo sobre vosotros dónde os llamabais los “vinyerons barbuts”. ¿Porque esa apelación, tiene que ver con una estética hipster o más con el retiro del ermitaño?

Los tres somos viticultores y los tres llevamos barbas, nos ha hecho gracia. Tenemos el barbudo viejo (mi padre), el barbudo adulto (yo) y el barbudo jóven (Iñigo), y los tres estamos formados técnicamente, teóricamente…vaya, ¡que tenemos oficio! Nos llamamos “vinyerons” porque reunimos las características que lo definen: la viticultura, la elaboración, la comunicación y la creación de un vino pasan por nuestras manos. Ahora bien, si estamos de moda y la gente nos ve como hiptsers, pues bienvenido (risas).

«Tenemos un poco de ermitaños, porque hemos decidido dejar la ciudad y venir a vivir al campo al lado de la bodega. Antes teníamos el oficio y no la vida, ahora vivimos cerca de nuestro campo y nos enfrentamos a la realidad de la tierra».

Lo que representan los “vinyerons barbuts”, es una nueva generación que toma el relevo. Con mi padre que se ha jubilado oficialmente, tengo cada vez más responsabilidad para substituirlo en el terreno. Con la llegada de Iñigo que es como de la familia y que forma parte de este cambio generacional, estamos más abiertos a probar otras técnicas agrarias como puede ser la biodinámica o la permacultura.


¿Que entiendes por biodinámica?

Hacer ecológico ahora no representa un reto; hace muchos años que está interiorizado en nuestro trabajo en la finca. En cambio, hace sólo 3 años que nos hemos dirigido hacia la biodinámica e intentamos conducir la viña hacia este método, aprendiendo a través de cursos y sobretodo probando in situ para poder innovar.

La agricultura biodinámica es un método de agricultura ecológica basado en las teorías de Rudolf Steiner a partir de una serie de conferencias que dio en 1924. La agricultura biodinámica tiene una visión global que busca unir al ser humano con su medioambiente.

Desde mi perspectiva y a grandes rasgos, la biodinámica se basa en 3 grandes pilares:

El primero el humus; no se hace un abono clásico, como antes, controlando los niveles de nitrógeno, de potasio, de fósforo, etc., para que la planta se alimente y sea más productiva, sino que la biodinámica se centra en alimentar la tierra, para devolver la vida a la propia tierra y hacerla más esponjosa. La biodinámica no se encarga de hacer las plantas más productivas, sino de crear una tierra óptima para su crecimiento. Crear y gestionar el humus es complicado y largo, pero da la oportunidad de devolver las características naturales a una tierra desgastada por la agricultura técnica desde los años 70, la mal dicha revolución verde… ¡Ahora sí estamos delante una revolución verde!

El segundo pilar, son los preparados biodinámicos, que de forma ancestral ya se hacían a partir de la cocción de hierbas y extracción de minerales como el silicio para poder luchar contra los hongos y dar vitalidad a la planta. Son esenciales para vitalizar, proteger y reforzar la tierra y su microbiótica, y la planta en sí.

El tercer pilar es el más empírico: la astronomía condiciona las fechas adecuadas de siembra, laboreo, tratamientos, recolección, trasbalse de vinos, etc… según las fuerzas cósmicas conocidas.


¿Existen sellos o cerficación?

Deméter, que existe desde 1932, es el más internacional. Existe otro sello que nació en Francia y que se llama Biodivine. Pero lo que ha pasado es que cuando un sello se generaliza, surgen otros sellos más restrictivos; es normal. También hay casos como es el de La rennaissance des appellations, una asociación internacional que cuenta únicamente con los pioneros de la biodinámica, dónde nosotros desearíamos estar en un futuro.
Ahora la biodinámica es tendencia, pero cuando ya no lo sea, nosotros seguiremos aplicándola.

(Iñigo) «Algunos productores se dejan llevar por las tendencias de mercado, pero nosotros lo hacemos por una forma de pensar y de trabajar».


Y en cuanto a la permacultura ¿De qué se trata?

Se trata de un sistema de menos intervención con el objetivo de cerrar un cerco de cultivo autoalimentado por la flora y la fauna. Ahora, no matamos la plaga sino que la controlamos, incrementando la microfauna, plantando nuevas plantas para crear biodiversidad, y haciendo que vengan más pájaros, más abejas, más animales; en fin, para que se entre en una cadena trófica dónde todo esté en más equilibrio.

¿En que sentido el tiempo es importante en vuestro trabajo?

El cultivo de la tierra te enseña a ser paciente. Cuando plantas viñas, sabes que tendrás que esperar entre 3 y 5 años para poder obtener uva y empezar a producir vino. También, respecto a la biodinámica vamos poco a poco, la transición hacia un cultivo biodinámico requiere tiempo; aunque ya hace más de 3 años que hemos empezado, nos faltan todavía 3 años más para integrar todos los componentes de esta ciencia.

¿Una receta de vida slow?

Aprender a disfrutar del presente, del día a día… sin el agobio de los retos de futuro.

Finca Parera

www.fincaparera.com

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Carrer Luís Antúnez 18, 08006 Barcelona

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