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“Me llamo Motoko, soy ceramista, japonesa… ”

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Motoko Araki | Ceramista japonesa y maestra del Taller Yuu

Quedamos con Motoko en su taller-galería-escuela en el barrio de La Ribera de Barcelona. Motoko nos abre las puertas de su espacio, un lugar lleno de piezas de cerámica estratégicamente colocadas. Según nos adentramos en su taller podemos ver las estanterías llenas de piezas de barro de sus alumnos, aún sin terminar, cajas con todo lo necesario para trabajar y pintar las variadas formas que caracterizan las vajillas japonesas. Cada pieza es única, cada proceso es manual y requiere su tiempo. Eso es lo que diferencia la porcelana occidental, regular y practica, de la cerámica japonesa.

«Me llamo Motoko, soy ceramista, japonesa… Pues sí, básicamente eso es».

«Mi mayor placer en la vida es realizar piezas de cerámica. Vajillas para que la gente disfrute de ellas, las lleve a casa y les dé alguna utilidad. Me gusta imaginar a la gente disfrutando su comida con mis vajillas».

Cuéntanos un poco de ti, de tu trayectoria…

Primero de todo, soy una apasionada del arte en general. Aprendí primero a pintar con óleo, en la universidad. También entonces tenía clases de cerámica, ¡pero no me interesaba mucho el tema! Acabé siendo profesora de arte para clases de bachillerato, en una pequeña escuela de campo.

Allí habían muy pocos profesores de arte, y de vez en cuando se organizaban congresos de profesores, los de arte éramos muy poca gente. Por eso un profesor de cerámica nos invito un día en su casa. Allí nos enseño su taller. Al ver este hombre mayor trabajar y escucharle hablar de su arte, me emocioné mucho y empecé a ver con otros ojos la cerámica.

Él contaba que siempre que hacia piezas de cerámica y que alguna le salía bien, se la enseñaba a su mujer. Su mujer es profesora de Ikebana (arte tradicional japonés de composición floral y de ceremonia del té), y tiene muy buen ojo para las cosas bonitas. Si su mujer aceptaba la pieza, entonces la exponía en el armario, si no, ¡volvía a hacer otra pieza!

Es allí cuando tuve un primer clic y decidí volver a aprender cerámica en la universidad. Allí conocí a mas jóvenes y empezamos a trabajar juntos. ¡Trabajábamos día y noche como locos! Producíamos un montón de cerámica sin parar, y teníamos muchos encargos. Nos encantaba nuestro trabajo y nos costaba parar… ¡Hasta que tuve un accidente de coche! Afortunadamente, el coche fue el único herido del coche. Mis padres y profesores empezaron a preocuparse por mi, «Tienes que dormir un poco» me decían.

«Una taza hecha a mano tiene miles de historias. Historias de cafés de mañana, de comidas, de la rabia de romper algo que tardaste tanto tiempo en hacer, de risas».

«¡No puedo viajar mucho… pero gracias a mis alumnos de todas partes del mundo, desde mi horno salen piezas de cerámica que viajan por mí a todos los países!».

¿Qué hizo cambiar tu forma de trabajar?

Es entonces cuando me mudé a Barcelona. Ahora hace 17 años que estoy aquí. Cuando llegué, veía imposible vivir de la cerámica como en Japón. Aquí la gente no parecía valorar tanto este arte como en mi país. Pero hoy en día puedo decir que la ciudad ha cambiado mucho, y la gente también. Doy clases de cerámica y eso es lo que me permite mantener abierto mi taller y seguir haciendo piezas. Es por el interés de las personas en mi trabajo que puedo vivir de él.

«¡Claro, al final del mes no queda mucho dinero, ¡pero estoy haciendo lo que me hace feliz! Eso es lo que más importa».

¿En que sentido tu trabajo es Slow?

Para preparar una pieza de cerámica, tienes que tener más o menos un mes y medio por delante. Quien practica la cerámica desde hace muchos años, puedo moldear una pieza grande en unos 15 minutos. ¡Pero la cosa no acaba aquí! Después de esto, hay que secarlo durante uno o dos días. Para hacer la base de la vajilla hay que contar unos otros 15-30 minutos. Hay que dejar secar otra vez. Todo este proceso ya es una semana de trabajo. Luego ponemos la pieza en el horno, sin color, durante unas 8 horas a unos 800 grados. Luego se tiene que dejar enfriar dos días en el horno cerrado, ¡para que la pieza no explote!

Después de esto preparamos los colores. No los compro ya hechos. Los peso, los tamizo, con un mortero los machaco, y luego les pongo colores a mis piezas. Hay que hornear otra vez la pieza unas 12 horas, dejar que se enfríe otros dos días.

Es un proceso largo, que requiere paciencia, es un proceso slow. Aparte del proceso en sí, mi trabajo es slow porque no pretende producir en masa como en un IKEA. Produzco con tiempo vajillas y otras piezas que se quedarán en tu casa. Hago talleres, y mis alumnos tienen mucha ilusión en llevar a casa algo hecho por sus propias manos, y regalarlo o utilizarlo a diario. Tomar tu café de la mañana en tu propia taza, ¿no hay cosa mas bonita, no?


¿Una receta slow?

Creo que el arte de la cerámica en sí es muy Slow, muy relajante. Tan solo tocar tierra es algo muy bueno. Creciendo en la ciudad igual no habéis tenido mucho esta oportunidad, pero yo de pequeña siempre tenia las manos en la tierra. La cerámica es un poco esto, volver a la infancia. Y cualquier actividad que permite esta sensación de ser niños otra vez, ¡creo que relaja mucho!


Dinos un lugar Slow en Barcelona…

Me gusta ir a correr cerca del mar, por Selva de Mar. Pero temprano por la mañana, cuando todavía no hay mucha gente. A esas horas donde recién sale el sol y la gente de sus casas, a andar o pasear el perro. Mi casa, aunque muy pequeñita es un lugar muy Slow para mí. Estar allí con dos gatos me relaja mucho. Cuando tengo la ocasión, me encanta ir a casa de mi amiga en el bosque; ¡pasear por el campo es algo que recomiendo mucho!

«Los objetos hechos a mano tienen corazón, están llenos de historias».

MOTOKO
C/Argenter 18 bajos
08005 Barcelona
Tel: 658 088 259
talleryuu@gmail.com

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