0
Items : 0
Subtotal : 0.00 
View CartCheck Out
0
Items : 0
Subtotal : 0.00 
View CartCheck Out

La cocina está cerrada, vengan a partir de las siete.

Esto fue lo que me dijeron en mi ultima visita a una pequeña ciudad situada en el Empordà catalan, cuando sentí hambre y quise comer a las cuatro de la tarde.

Viniendo de una larga estancia en una gran metrópolis con horarios internacionales dónde ofrecen todo tipo de producto y restauración a cualquier hora y en cualquier lugar, nos pareció extraño encontrar esta respuesta en un pueblo turístico de la costa catalana llamado Begur.

En ese lugar todo esta cerrado fuera de los horarios comerciales. Aunque la ciudad este plagada de turistas, los comerciantes locales deciden tomar su merecida pausa.

Y eso me recordó mi infancia en mi barrio, dónde no podías comprar nada de las dos hasta las cinco de la tarde; lo que te permitía echarte una siesta, o relajarte leyendo un libro. Pero eso ya casi no existe. Barcelona esta adaptándose al ritmo frenético que imponen las grandes ciudades cómo Londres, París, New York, etc. Pero sin darnos cuenta, esta transformación esta borrando la identidad de nuestra ciudad.

Porque los horarios comerciales son cada vez mas extensos, nosotros dejamos nuestras compras para el ultimo momento. Y si nos despistamos, hasta olvidamos de levantarnos el sábado para ir a comprar al mercado productos frescos y de temporada, dónde intercambiar recetas, sonrisas, consejos, miradas y mucho más.

La locura cotidiana y las prisas nos obligan a hacer las compras en horarios fuera de lo común, lo que provoca que cada vez más, nuevos establecimientos nazcan para poder ofrecer productos y servicios las 24 horas del día.

Ahora esto nos parece necesario. Pero no lo es. La alternativa es adaptar la filosofía slow a los horarios comerciales; las slow cities ya lo hacen desde 1999. Estas ciudades cumplen una serie de requisitos que las hace entrar dentro de la lista de ciudades por la calidad de vida, o cittaslow. Los requisitos son los siguientes:

  • Promoción de técnicas de reciclaje y recuperación de residuos.
  • Una política urbanística para la mejora del territorio y de la calidad de vida de los habitantes.
  • Promoción y producción de productos alimentarios locales y obtenidos mediante técnicas naturales
  • Apoyan la tradición local y se promociona la relación entre consumidores y productores locales, lo que permite el desarrollo del comercio de proximidad.
  • La conscienciación de los habitantes y operadores turísticos para mejorar la convivencia entre locales y turistas.
  • Finalmente (y por ahora) uno de los requisitos es que la ciudad no puede superar los 50.000 habitantes. Este requisito es un obstáculo a que las grandes ciudades pueden ser consideradas slow…

Y porque no cambiar la escala, y hablar de barrios slow ?

Pequeños rincones dónde la gente se conoce y se saluda por la calle, dónde los comercios cierran para que sus trabajadores puedan comer y echarse la siesta, dónde el que entra en una tienda reciba algo más que un producto o un servicio.

Eso es un barrio slow, y por ello trabajamos desde SlowMov.