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La felicidad, máxima aspiración de la educación

Así reza uno de los principios de la educación Summerhill. Una educación libre, completa y slow.

Cuando Neill decidió abrir su propia escuela fuera de los barrotes claustrofóbicos del sistema educativo no conocía el movimiento slow, éste siquiera había sido concebido por entonces, pero en aquellas primeras décadas del s.XX él ofreció la libertad y el regalo del tiempo para descubrirse a sí mismos a aquellos pequeños adultos que tuvieron la oportunidad de desarrollarse bajo las alas de una nueva filosofía.

Una escuela que en vez de oprimir, asustar y boicotear al niño, para que forme parte del engranaje del sistema, lo reconoce como un ser entero y capaz y lo dota del mismo poder que tiene cualquier adulto para que en vez de aislarse y reprimirse, se fortalezca, cree lazos con el grupo y sienta la responsabilidad de cuidar del mismo.

Cuando el niño tiene la oportunidad de pararse a pensar, de decidir que quiere hacer y es feliz realizando aquello que ha elegido por sí mismo, al cabo de los años lo que obtenemos es un adulto que se para a pensar, que se dedica a lo que le apasiona y que es feliz.

Una de las grandes claves de este sistema educativo es no ahogar a los infantes. Hoy en día siguen surgiendo educaciones alternativas, y siendo cada vez más conscientes de la importancia del tempo giusto están surgiendo escuelas slow education que se basan en este principio.

Algunos no hemos tenido la oportunidad de recibir una educación como ésta, pero igualmente podemos deshacernos de los barrotes oprimentes y recuperar nuestro tiempo y sobre todo hacerlo mejor con la siguiente generación.

Por suerte ya tenemos a mucha gente trabajando en esto. Os dejo unos ejemplos; podéis buscar más información sobre Maurice Holt quién en 2002 escribió un manifiesto a favor de la Slow Schooling.

También os dejo la web de Summerhill, la web del movimiento Slow education de UK y un link para que veáis dos ejemplos de educación slow que se están llevando a cabo en Bilbao y en Gijón.